
La formación de cicatrices es un proceso natural derivado de la curación de los tejidos dañados de la piel. En muchas ocasiones, las cicatrices resultan inevitables, aunque tanto el cirujano como el paciente tomen extrema precaución en la ejecución de la intervención y en el cuidado de la herida, respectivamente.
La piel puede presentar marcas o cicatrices por diversos motivos, aunque principalmente se habla de cicatrices por acné, estrías, cicatrices de cirugías y aquellas originadas por accidentes, como abrasiones o quemaduras.
Las cicatrices hipertróficas y los queloides aparecen normalmente como consecuencia del acné o de intervenciones quirúrgicas y pueden localizarse en cualquier área, aunque pueden aparecer de forma más frecuente en el tórax y en la espalda (en el caso del acné) o en el pubis (en el caso de la cicatriz por cesárea).
Son cicatrices que sobresalen, rosadas o del color de la piel, y que pueden suponer una importante alteración estética. Sin embargo, las cicatrices no son sólo un problema estético. En ocasiones, pueden causar dolor o también limitar la movilidad, si se encuentran cerca de las articulaciones.
La elección del método terapéutico más adecuado para mejorar las cicatrices dependerá de las características intrínsecas de la cicatriz a tratar, de su localización, del tiempo de evolución y de las preferencias del paciente.


• Crioterapia
• Infiltraciones intralesionales de corticoides y 5-fluorouracilo
• Láser fraccionado no ablativo
• Láser fraccionado ablativo (Láser CO2)
• Láseres vasculares: IPL, Nd-YAG 1064
• Subcisión
• Peelings
• Neuromoduladores
• Bioestimuladores